miércoles 1 de julio de 2009

Globalizada...

My Choice by lunatic // Deviantart.com


Varias veces me han dicho que soy una musulmana globalizada.
Quizá es porque llevo mi Hiyad, y al mismo tiempo, llevo encima el envoltorio de occidente en el cuerpo.

Pero ¿qué es lo que más importa? ¿La ropa, el bolso o el pensamiento?

Para mí las cosas van bien hasta que hablan de globalización. Es que no entiendo por qué debo estar escuchando a gente que lo único que ha hecho es autoconvencerse por otros discursos, por otros ideales y por culturas que se devoran lo que queda de Chile. ¿Debo especificar?


Sumaya

lunes 29 de junio de 2009

Ramadán

i_love_RAMADAN__by_aamran// Deviantart.com


Ayuno, la razón por la que el ateo común cree que los creyentes estamos locos. Ramadán, la razón por la que creen que los islámicos estamos aun más locos.


Ramadán es el mes sagrado del Islam, este año toca de 21 de agosto hasta el 17 de septiembre. Durante este tiempo se ayuna y se obra de buena voluntad hacia las demás personas. La verdad es que un musulmán debería ayudar al prójimo todo el tiempo, pero bueno, que se le va a hacer


Además en el Ramadán se practica la abstinencia; o sea, nada de comida ni bebida y nada de sexo. Y para los hombres “nada de mirar mujeres” (bueno eso les dicen, pero seguramente nunca lo logran), eso por todo un mes. No voy a mentirles, es realmente difícil, especialmente al principio, pero les aseguro que todos los musulmanes en todo el mundo lo hacen, es parte crucial de la fe, como las galletas de cristo en las misas católicas.


La forma de ayuno es simple, no comes nada desde el alba hasta el ocaso. Me acuerdo que las primeras veces en las que participé, el sol era mi principal enemigo, junto con la hora (siempre crítica) del almuerzo. Lo peor que se me pudo ocurrir alguna vez en Ramadán, fue salir con mis amigas al centro durante la hora de almuerzo, pasamos por un local de completos, y bueno, se imaginarán mi cara. Ni hablar de cuando iba a San Diego a comprar libros, con todos esos puestos de empanadas, completos, sopaipillas…¡La tentación hecha carritos!


Ah, pero este año va a ser diferente. Ya tengo bastante experiencia y sé a lo que debo enfrentarme. El Ramadán pasa como cualquier otro mes, ya no me angustio como antes cuando empezaba, se me ha hecho fácil. En todo caso el de este año termina justo para el 18 de Septiembre, y aguante Santiago porque voy a vaciar cuanta fonda me encuentre.


P.S: me han preguntado si el Ramadán sirve como dieta, yo respondo que es la mejor que existe, es la única que al terminar la uno realmente se siente bien consigo mismo.




Rashida

En el mall...

Esto me pasó hace algún tiempo atrás en un tipico mall de La Florida. Estaba acompañando a mi hermana a hacer las compras del supermercado. Con tanta gente metida en un mismo lugar no es difícil pasar desapercibidos, pero no falta el "alguien" que incluso se da vuelta a mirarte.

Cuando uno se acostumbra a las miradas curiosas de la gente que te ve con la cabeza cubierta, pasa algo súper raro, como que desaparecen, se te olvida que están ahí. Yo me siento muy bien siendo como soy, pero no puedo negar que a veces es incómodo que cuchicheen detrás de uno. Bueno, pero esa no era la cosa que iba a contar.

Mientras hacíamos las compras, se iba acercando la hora del assr (la oración de la tarde). Yo ya había estado en el caso de estar afuera mientras llegaba la hora de alguna oración, pero no en un lugar tan concurrido. Bueno, estemos donde estemos, no podemos saltarnos las horas de oración aunque no estemos en la casa. Viendo la hora miré desconcertada a mi hermana porque no se me ocurría dónde rezar (una vez un tipo nos dijo que fuéramos al baño, ¿al baño?¿rezar en el baño?, ¡hasta yo pienso que es rancio!)

Con las bolsas del Jumbo encima, fuimos a meternos a una tienda de Caffarena. La vendedora se nos acercó y le dijimos si podíamos usar los probadores, claro que la respuesta fue la típica "solo para clientes". Así que poniendo cara de circunstancia, agarramos un par de panties y unos sosténes (que de todas formas necesitaba comprar). Ella amablemente nos recibió las bolsas y nos metimos cada una en un probador, pero a rezar. Mientras orábamos, la vendedora nos preguntaba si estábamos bien, pero no podíamos interrumpir la oración y era muy insistente. Cuando terminamos y salimos, la vendedora nos miraba con cara de extrañeza. Como nos demoramos tanto y la señora ya nos miraba feo, no nos podíamos ir sin comprar la ropa. Menos mal que andábamos con algo de plata extra.

Finalmente y ya aliviadas de haber podido rezar, nos fuimos a la casa...

...con sosténes incluidos.
Dalal


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